• ¿Qué comemos?




Ya estamos en febrero, ya pasaron los tamales, y ¿cómo vamos con el propósito de comer bien? Lo voy a decir con todas sus letras, no soy amiga de las dietas, no me gustan, me estresan más, siento que en cualquier momento voy a caer de la cuerda floja y la verdad es que me encantan el pan, la tortilla, y todo lo que suene rico.

Sé que este tema de la alimentación se ha vuelto algo de moda, y yo no pretendo convencer a nadie de nada, yo sólo les comparto lo que me ha funcionado por si quieren intentar.

Desde que estaba embarazada de mi primer hijo, me preocupaba mucho el tema de la alimentación, sobre todo si iba a saber qué y cuándo darle de comer. Con ayuda del primer pediatra di mis primeros pasos en este tema y todo iba bien hasta qué me dijo que era mejor darle gerber.

La verdad es que no me hizo mucha gracia, en efecto, es práctico, rápido y eficiente en la mayoría de los casos, sin embargo y a pesar del trabajo que significaba hervir cada verdura o hacer el jugo de carne, me quedaba claro que mi hijo disfrutaba y comía con más gusto lo que le daba.

Y así me seguí con las otras dos chamaquitas, a pesar de que Paula no es muy fanática de las verduras, he logrado darle una alimentación más o menos balanceada y natural.

Yo creía que todo estaba bien en ese rubro, hasta el año pasado que tomé unas clases de cocina y me enteré de que tenía ciertos hábitos que no eran para nada saludables, ni para mi ni para mi familia y no tiene qué ver con contar porciones, medir calorías ni nada más lejana.

Lo primero que les voy a decir es que no hay mejor comida que la más natural y fresca posible. Y esto va triple para las embarazadas y las recién paridas. No me refiero a comer sólo verduras cocidas, o arroz hervido, no; si van a comer arroz que sea uno hecho en casa, un arroz rojo con jitomate de verdad, sin azúcar ni sal de más, sin conservadores y sin saborizantes ni condimentos artificiales.

Porque en realidad ese es uno de los graves problemas de salud que tenemos ahora y no sólo los adultos, también nuestras hijas e hijos, consumir alimentos pre elaborados nos afecta más de lo que creemos. Toda la comida enlatada, precocida, lista para comerse pero que no la compramos cruda, tiene sal para que se conserve más tiempo, y azúcar para darle sabor. En cambio cuando cocinamos en casa nosotras controlamos esos ingredientes.

Otro dato importante es consumir todos los grupos alimenticios, en casa procuro que en una semana comamos, carne roja, pescado, pollo y siempre, siempre verduras y legumbres. El plato del buen comer me ayuda mucho para pensar en variedad, así lo pueden encontrar en internet.

Hace ya más de seis meses yo cambié cierto hábitos en la forma en qué cocino y lo que uso para todas las comidas.

Aceite de coco en lugar de aceite de soya
Suspendido el KnorSuiza, para sazonar están las hierbas, tomillo, romero, laurel, cúrcuma, cebolla y ajo.
Bolillo o Chapata en lugar de pan bimbo.
Sal de mar
Azúcar masacrado o miel de agave en lugar de endulzantes artificiales.
Cero refrescos
Cero jugos envasados, ni siquiera de arándanos.
Nada que diga ligh o sin azúcar
No comer salchichas
CERO LACTEOS

Con estos pequeños y pocos cambios comencé a bajar de peso sin hacer ningún tipo de dieta y a pesar de ahora estoy en mi peso más bajo de la historia, logro rendir mi día a día con mis tres hijos. 

Cuando dejamos atrás toda la comida artificial es sorprendente cómo nuestro cuero está más lleno de energía, de fuerza. Cuando realmente creo en algo lo llevo a cabo y ahora por ejemplo yo hago mi propio pan integral de caja, es real no compro pan bimbo desde hace casi ya un año, cuando se me acaba y no tengo tiempo de hacer, prefiero darles bolillo o chapatas o tortillas, pues además con estos productos cubro algunas porciones de cereales que necesitan los chicos.

Ya nunca compro jugos ni de naranja, ni de ningún otro sabor, aquí los jugos se hacen en extractor, ya sea de manzana solamente, o con otras verduras, las frutas las comemos crudas, las verduras son parte de la dieta cotidiana, hay días que se las comen mejor que otros, como cualquier persona, si noto que hay alguna que les gusta más, pues de ahí me agarro, como la sandía que antes sólo le gustaba al mayor, y ahora en esta casa media sandía dura unas horas, no llega ni al refrigerador.

A veces, queremos que los chicos se coman algo en particular, pero si les ofrecemos variedad puede ser que descubran otras cosas, a la bebé no le gusta mucho el plátano, pero se come perfecto el melón, la manzana, la sandía y el mamey. 

Y así podría seguir con muchos ejemplos, el punto es que no debemos tener temor de comer comida natural, que si la zanahoria o el betabel tienen mucha azúcar, sí, la tienen pero no más que un jugo fresco del valle, o un jumes espeso y mega dulce.

Mi único consejo es que se olviden de las azúcares, y las porciones, consuman alimentos de verdad no imitaciones como las salchichas, que de nutrientes no tiene nada, observen cuando sus hijos comen salchichas si tiene más gases, si se estriñen, si se les infla la pancita, incluso, hay alimentos que pueden alterar el comportamiento como el exceso de azúcar y luego los nenes no pueden calmarse.


Lo que comemos sí importa y más cuando tenemos la salud de nuestras criaturas en nuestras manos. 

2 comentarios:

  1. ¡Muy bien!. Yo también voy caminando un poco por ese rumbo, pero me sirven algunos tips para sustituir algunos elementos que usamos en casa.
    Saludos.

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  2. Muchas gracias por leer Cin!!! Qué bien que has cambiado tus hábitos... Saludos

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