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10/04/2012

Su triunfo. Mi logro. Nuestra conquista.



Seis meses y contando de Lactancia Materna Exclusiva y a Libre Demanda. Su triunfo. Mi logro. Nuestra conquista.

Deseaba tanto volver a estar embarazada, deseaba tanto de nuevo tener un bebé y que M tuviera herman@. Al mismo tiempo había muchas cosas que no sabía, muchas otras de las que no tenía ni la menor idea de que sucederían.

Pero una cosa la tenéa clarísima, iba a hacer todo diferente, TODO y para ello estaba dispuesta a lo que fuera. Esta vez serían mis condiciones y nadie me convencería de lo contrario, sería mi intuición la que me guiaría durante esta nueva oportunidad.

Empecé por informarme de cosas que en el anterior embarazo no me ocupé: el parto. Luego de mucho leer, estaba decidida, quería un parto natural. Para ello era indispensable un curso sicoprofiláctico. Busqué y encontré.

Me guié por mi intuición, a pesar de las variadas opciones, escogí el que me vibró, punto. Ahí descubrí un universo de información que me maravillaba y al mismo tiempo me dolía. Me dolía, me duele, haber privado a M de todas las cosa que pudieron ser diferentes. Cada clase era para mi lo que para un astrónomo descubrir un planeta.

Mariana y la Güera se convirtieron en mis personas favoritas, así sin más. Esperaba con ansias las noches de los miércoles. Una de esas noches tocó hablar de mi otro gran tema padecido en el anterior embarazo: la lactancia.

Fue algo así como el descubrimiento de que el planeta Tierra giraba alrededor del sol y no al revés! Claro que aquí nadie acabó en la santa inquisición aunque yo casi me doy cien latigazos por no ocuparme de eso cuando nación M, pero eso ya no tenía solución, así que sólo había una cosas por hacer, mirar pa'lante.

Lloré, sólo G sabe cuánto lloré por eso, porque ni Dios. Supe entonces que la LM es todo un tema al rededor del Mundo. Supe, no que es muy importante, sino vital lograrla. Supe que la Organización Mundial de la Salud tiene todo un plan de trabajo y una campaña permanente en todo el mundo para reforzar la LM y hacer entender a los gobiernos de la importancia de impulsarla mediante sus instituciones de salud.

Supe que la Lactancia Materna protege a los recién nacidos contra muchos males en la primer etapa de su vida así como para el resto de su futuro. Supe también que hay un momento clave justo después del nacimiento llamado impronta y que es único en la vida de cada madre e hij@ y que no se repite. Supe que ese momento es la cresta de ola para hacer que "bajé" la leche al pecho y poder alimentar a las criaturas recién paridas.

Otros cien latigazos por dejar que se llevaran a M 8 malditas horas cuando nació. Otros cien latigazos por hacerle caso al doctor y darle de comer sólo cada 4 horas. Otros cien latigazos por "completarle" con fórmula desde el principio.

¿Pues en qué momento perdimos la brújula? me preguntaba yo. ¿En qué momento se nos ocurrió que era mejor la fórmula que aquello que durante milenios nos había mantenido como la especie suprema en este mundo y que ahora nos sentíamos muy chingones burlando a la naturaleza? Y en ese momento recordé las palabras del antiguo pediatra de M:  ¿qué vas hacer cuando regreses a trabajar? Claro la productividad, la maldita eficiencia, siempre lo público primero, lo socialmente correcto, las expectativas del mundo. Al carajo!

Tenía dos retos enfrente: un parto natural y la lactancia materna. Costara lo que costara. Costó defender mis deseos y mi derecho a decidir con lágrimas. Costó noches de dudas, de angustia, de enojo y muchas de miedo. Costó horas de pláticas con G y a veces hasta discusiones. Costó cambiar de ginecólogo tan sólo un mes antes del nacimiento de P, costó una nueva pediatra cien por ciento prolactancia. Costó varios miles de pesos más.

Llegó el gran día, con Mariana, la Güera y Hugo de la mano G y yo nos fuimos a parir. Mi trabajo de parto fue una maravilla, pero eso es texto de otro post.

Sólo voy a decir que lo logramos, sí logramos un Parto Vaginal Después de una Cesárea. Logramos que nos dieran a P recién salida. Logré tenerla en mis brazos aún calientita y G logró cargar a su pequeña todo el tiempo que quiso.

Pasada la emoción del momento y el debido descanso post parto comenzó mi segundo reto: lactancia.

El primer día fue difícil para todos. Aunque tenía calostro era muy poco y en la tarde después de un par de horas nos dicen que la nena no puede bajar a la habitación y que hay que subir por órdenes de la pediatra, aunque tranquila sentía un vacío en terrible en la boca del estómago.

Subimos G y yo al cunero y nos informa la doctora que P tuvo un episodio de vómito tipo proyectil, es decir que le salió por la boca y la nariz con mucha fuerza. Que debía estar en observación 24 horas continuas, que su nivel de glucosa había bajado muchísimo y que si no mejoraba en un día le tendrían que hacer unos estudios especiales pues quizás su intestino no estaba funcionando debidamente.

Me sentí como Alicia cayendo por un hoyo sin tener de donde agarrarme, afortunadamente estaba sentada y nadie notó nada. Lo único bueno de todo eso era que debía darle de comer cada 2 horas, uno para subirle el azúcar y otro para ver si estaba funcionando bien su sistema digestivo o si era una especia de intolerancia al alimento, si eso no funcionaba debería suministrarle alimento de otra manera y eso para mi era una fracaso rotundo, así que había que trabajar duro pero definitivamente no saldría al día siguiente como estaba planeado al principio.

La sola idea de salir del hospital sin mi niña me partía en mil pedazos y a G igual, sin consultarlo dijo "nos quedamos un día más todos". Así luego de ese momento tremendo, me dieron a mi niñita y apenas logré tenerla cinco minutos, pero fueron los cinco minutos más largos, pues cada dos se quedaba dormida y yo sentía una ansiedad terrible.

Nos bajamos a la habitación y ambos tratamos de mantenernos serenos, no hablamos del tema y hoy a seis meses sabemos que cada quien en silencio sufrió una terrible angustia por nuestra pequeña. Con reloj en mano a las dos horas puntuales subimos al cunero, de nuevo una cruzada de 5 minutos. Y así lo hicimos toda la tarde y toda la noche de sus primeras 24 horas de vida.

Para el segundo día las noticias eran muy buenas: el azúcar había vuelto a sus debidos niveles, la nena ya no había vuelto a vomitar y  estaba ganando peso poquito a poquito. La pediatra nos felicitó y dijo que si todo iba bien como hasta ese momento, sin duda nos iríamos al día siguiente, pero que debía darle de comer cada dos horas sin derrotarnos ni desesperarnos.

Yo sentía que apenas era unas gotas las que tomaba P, pues luego luego se quedaba dormida y había que hacer circo, maroma y teatro para que siguiera mamando. Debo decir que su papá fue clave en esta labor, (como en todo), él se encargaba de darle masaje en los pies para que despertara, le hablaba para que la nena abriera los ojos y así juntitos alimentábamos a nuestra pequeñita.

Hasta ese momento yo no sentía que mis pechos hubiera crecido exponencialmente y el fantasma del pasado me perseguía en mi cabeza, yo sólo me repetía en silencio "voy a poder, vamos a poder" una y otra vez.

Ya sin mayores contratiempos salimos del hospital dos días después con la nena sana y salva pero con 200 gramos menos de peso. Mi niña era una ratita que rayaba en lo prematuro por su peso, 2, 200 kg. La advertencia de la doctora fue "se pueden ir pero le tienes que dar de comer cada dos horas religiosamente y en una semana nos vemos".

La primer noche llegó con la primer "crisis" mis senos eran dos grande globos, las venas se veían a primera vista y estaban hirviendo. Dolía, no tanto como parir, pero sí bastante incomodo. Me di un bañó, G salió volando a la farmacia por un sacaleche y mi vecina adorada corrió a darme unas hojas de col para hervirla y ponerlas sobre mis burbujeantes senos.

Hice todo, me puse la col, me saqué unas gotas de leche y al final tocó el momento de volver a comer de P. Después de ese episodio, todo concurrió como debía, cada dos horas día y noche P comía, para entonces comencé a chorrear. Cada toma resultaba un reto, que la nena no se durmiera, que fueran más de cinco minutos continuos. Y ahí íbamos caminando juntas, lo que nunca logré fue que tomara de las dos tetas en cada toma. El día que se quedó prendida 10 minutos de una teta fue como llegar a la cima del Everest.

Puntuales a la semana estábamos en el consultorio, la entrada, la revisión, la desvestida, las preguntas de la doctora me desesperaban, quería saber si la nena había ganado peso, cuando llegó el momento de revisar la báscula dijo "felicidades tu gorda subió 80 gramos"!

Sí, lloré de felicidad, G me abrazó y me felicitó también. Sé que él sintió lo mismo que yo, un inmenso alivio y una gran tranquilidad de que estábamos haciendo lo correcto.
Fue apenas en ese momento que me deshice del fantasma del pasado, lo eché a patadas de mi vida y me concentré en el presente.

Estaba decidido, sería Lactancia a Libre Demanda, ¿qué significa? las veces y a la hora que la nena lo pidiera, punto. Ni en ese momento ni ahora es algo que esté a discusión con nadie.

¿Que es pesado? Sí, lo es. ¿Qué resulta demandante? Sí, mucho. ¿Que resulta esclavizante? No. Nadie me ha obligado a hacerlo. No lo hago en contra de mi voluntad. No lo sufro. No reniego. No, nadie me maltrata o agrede físicamente para hacerlo.

Sí, es cierto no salgo sin P a la calle. Sí, dejé de salir por las noches. Sí, dejé de ir a fiestas y celebraciones. Sí, desde que nació he ido al cine una vez y me la llevé. Sí, duerme con nosotros cada noche. Sí, justo cuando me siento a comer a ella se le ocurre que tiene hambre. Sí, también soy su chupón. Sí, también soy su consolador. Sí, para escribir este texto he parado un par de veces. Sí, escribo a veces con una mano mientras la cargo con la otra. Sí, mi vida resulta caótica la mayor parte del tiempo. Sí, el tiempo no me alcanza para mucho. Sí, meterse a bañar toma otra dimensión.

YO decidí tener otro hijo, YO quería tener otra criatura, pues entonces lo menos que puedo hacer ante una decisión tan arbitraria como esa es darle lo que necesite para su bienestar, su desarrollo óptimo, y proveerle de una buena salud.  En perspectiva ¿cuánto es un año de vida, comparado con los 70-80 años que se vive en promedio hoy día? Desde la mía, resulta poco cuantitativamente, pero cualitativamente hace un universo de diferencia.

Cada consulta con la doctora ha sido una alegría y una tranquilidad. Hoy a seis meses y medio de vida P pesa 7.5 kilos y mide 67 cm. A decir de la doctora, o mejor dicho, de las estadísticas mi "pequeña ratita" ahora está encima de la media en las tablas de medición. Es una nena sana, sonriente, saludable, sin mayor problema que algunas comidas que hace su madre de vez en vez y que le caen un poco pesadas.

Hace poco una mujer a la que respeto y quiero montones, me dijo "qué bueno que le das pecho a P. Yo sólo le di al primero de mis hijos, a los otros dos no y no sabes la culpa que siento", le pregunté por qué no les dio, su respuesta me dejó helada "era la liberación femenina, había que romper con nuestras madres, había que ser diferentes. Yo les daba pecho a escondidas, apenas un mes a cada uno y ambos tiene problemas de salud siempre. Decían que la fórmula era mejor".

Agradezco vivir en tiempos donde la ciencia y la tecnología nos permiten una expectativa mayor de vida. Tiempos en los que un embarazo complicado puede resultar en un buen nacimiento por cesárea. tiempos en los que hay fórmula láctea para los pequeños que se quedan sin madre por diversas razones.

Agradezco la educación de mi  madre que me permite ahora tomar mis decisiones más allá de modas y expectativas políticamente correctas. Han sido muchas las voces de ¿hasta cuándo le vas a dar pecho? ¿por qué tanto tiampo? ¿qué dice la pediatra? Y no han faltado las cejas levantadas y los ojos abiertos cuando se enteran que P duerme en la misma cama que sus papás.

Le voy a dar pecho hasta que tenga que darle y si no les es suficiente mi respuesta pues es la única que hay. ¿Por qué ese tiempo? Porque quiero. ¿Qué dice la pediatra? No importa lo que diga, aunque para calmar sus conciencias les digo que ella está de acuerdo con mi decisión.

Sin duda alguna soy una privilegiada de poder hacer esto. Desafortunadamente en este país las leyes favorecen a todos menos a las madres y menos las respeta o las considera.

Aprovecho este post para hacer públicas mis infinitas gracias a G! Gracias por TODO, por tu inamovible solidaridad, tu apoyo incondicional a mis decisiones, tu enorme entusiasmo por acompañarme en cada una de esas decisiones. Gracias por caminar de la mano a mi lado contra cada tempestad. Gracias por soportar con una sonrisa mis locuras. Gracias por confiar en mi intuición. Gracias por respetar mis ansiedades. Gracias por padecer mis dolores y alegrarte con mis triunfos, que sin duda también son los tuyos. Gracias por estos dos hijos hermosos que hemos tenido juntos. Te amo con locura. GRACIAS TOTALES

Así pues seis meses y contando de Lactancia Materna Exclusiva y a Libre Demanda. Su triunfo. Mi logro. Nuestra conquista.

15/03/2012

Mi pequeño niño grande, gracias!




Hace 4 años naciste y no has dejado de darme lecciones. Hoy me quito el sombrero ante ti y reconozco tu maravillosa manera de gozar la vida, de enfrentar los retos con alegría, de caminar con toda la seguridad del mundo por esta vida y de superar los obstáculos con esa sonrisa que ilumina mi universo.

Hace dos meses y medio te cambiamos de escuela y al saber que en el nuevo cole se iban de campamento tu papá y yo nos alegramos mucho y pensamos que serías el más feliz.

Al principio fue duro y el cambio de cayó de peso, extrañabas la vieja escuela y sobre todo a tus viejos amigos, no obstante salías contento cada día y me presumías tus actividades. Fue cosa de unas semanas para que disfrutaras tu nuevo espacio y la alegría volvió a tu rostro.

El campamento era nuestro tema noche y día, una noche mientras te ponía la pijama me dijiste “Te voy a extrañar mucho cuando me vaya de campamento” yo te respondí que no me extrañaras, que disfrutaras las actividades, que gozaras estar en el campo, la fogata, los bombones y entonces de pronto te volteaste con carita triste y me dijiste “entonces tú no me vas a extrañar?”, sentí que se me doblaban las piernas.

Cómo decirte que claro que te iba a extrañar, sin preocuparte, sin que te sintieras mal por mi, cómo decirte que no quería que sufrieras por mi, agarré tu carita entre mis manos y ahogando mis lagrimas en la garganta te dije “claro que te voy a extrañar, pero cuando te extrañe más voy a pensar que tú lo estas pasando súper” entonces de pronto tu carita se iluminó y gritaste “ya sé!, cuando me extrañes puedes ver una foto mía y así ya no me extrañas”, en ese momento supe que estarías bien.

Poco a poco el campamento se acercaba y todos nos emocionábamos con el tema, pero cuando ya se volvía una realidad más cercana las emociones nos brotaron a todos y hasta nos pusimos malitos de nuestra salud.

De hecho las dos semanas de preparación al campamento te las perdiste por enfermedad, primero de la garganta y luego del oído. Justo una semana antes volviste al cole y yo estaba muy preocupada de que recayeras o de que te sintieras relegado.

Afortunadamente no fue así, al contrario, llegaste a tiempo para pintar la playera, gorra y morral del color que los identificaría como grupo. Esa semana creciste, cada día te veía más seguro, más sereno.

Mis amigas me decían “qué valiente, yo no podría” y yo pensaba “yo no soy valiente, tengo arrugado el corazón, por qué estoy tan tranquila entonces” la respuesta eras tú.

Sí mi pequeño niño grande, tu seguridad era la mía y te confieso que me robé una pizca de tu emoción, otra más de tu entusiasmo y una muy grande de la confianza en ti mismo para mantenerme en pie.

Una tarde ya casi obscurecía, apareció la luna, la viste y comenzaste a cantar “luna, lunera, cascabelera…” yo te comenté que quizás en el campamento la podrías ver mejor así como las estrellas, te quedaste callado un minuto y me dijiste “cuando vea la luna voy a pensar en ti”, afortunadamente íbamos caminando y no pudiste ver cómo se me llenaron los ojos de agua. TE abracé a mi cadera, te di un beso en la cabeza y te dije “nuestra luna, lunera te cuidará por mi en el campamento”, volteaste a verme , sonreíste y me dijiste “eres la mejor mamá del mundo” pero sabes mi niño? en realidad lo que sucede es que tú eres el mejor hijo del mundo mundial y lo haces todo más fácil.

El entusiasmo se volvió desasosiego y sentía vacío en la barriga cada vez que hablábamos sobre los miedos, la leche por las noches, el extrañamiento, pero yo te escuchaba y te veía  tranquilo y confiado.

Finalmente logramos tener todo listo, saco de dormir, objetos personales, etiquetas de ropa y maleta.

El día había llegado, fue sorprendente ver cómo te levantaste en un movimiento cuando me acerqué a tu cama y dije “día de campamento”. Sin quejas no lamentos te sentaste, me sonreíste y pediste una lechita.

Papá y yo estábamos casi listos. Tú cooperaste con todo a pesar de ser casi de madrugada, te vestiste rápido, te lavaste los dientes con gusto y cuando tu abuela Hanna llamó sonreíste de alegría, pude ver un brillo de seguridad en tus ojos cuando ella te dijo “buen viaje, te veo cuando regreses”, asentiste con la cara, le mandaste un beso y te pusiste los zapatos.

Con el tiempo muy justo salimos los 4 de la casa tumbo al cole. Yo nuevamente comencé a sentir ese cosquilleo en mi barriga, pero tú una vez más te veías a sereno y seguro con la gran aventura que nos ocurriría a todos.

Logramos cruzar el panal de papás afuera de la escuela, papá ubicó el camión que te correspondía para meter tu maleta y yo dejé tus medicinas en caso de alguna complicación respiratoria.

Nos tomamos las fotos de despedida y te acompñamos a la entrada de la escuela, ahí nos despedimos, papá te abrazó fuerte, te beso y te dijo cuánto te ama, yo no pude hablar, te abracé, te besé y así sin mirar atrás entraste con paso firme a unirte a tus compañeros, fue la primera vez que deje salir las lágrimas.

Minutos después nos pidieron hacer una valla entre el cole y los camiones, entonces salió un grupo de pequeños, después salió el tuyo, los papás aplaudían, yo no pude con eso y comencé a tomar fotos para no chillar, obvio todas salieron borrosas.

Agarrados de la mano y de dos en dos, llegaron a la puerta del camión, ahí se detuvieron y yo aproveché para acercarme y tomarte más fotos. Estabas muy atento y de pronto volteaste, sonreíste y nos dijiste adiós con la mano, la mejor yo obtuve la mejor foto.

Mientras comenzaban a avanzar esperaste tu turno, no titubeaste, ni una sombra de duda o de miedo había en ti. Cuando llegó el momento avanzaste sin mirar atrás y con paso firme.

Entonces corrimos al otro lado del camión toda una ola de padres para ver a nuestros pequeños, ahí en una ventanita apareciste, cuando nos ubicaste entre la multitud sonreíste y yo sentí que el alma se me iba. Agitabas tu manita y de pronto levantaste tu dedito gordo, nuestra señal familiar de “todo bien” y entonces abriste tus dos dedos en forma de “V”, por qué? No lo sé.

El camión encendió motores y arrancó, por primera vez sentí que el aire me faltaba, te imaginé sonriendo sentado en tu lugar y me calme.

Hoy faltan algunas horas para que vuelvas y desde el campamento nos reportan buenas noticias y que nos vemos a las 8 en tu escuela para recibirnos.

Muero de ganas por escucharte, nos esperan horas de plática, me urge conocer todas tus anécdotas y saber cómo te fue en esta tu primer aventura sin papás ni familia.

Y ni las fotos, ni tu cuarto ni tus juguetes fueron suficientes, te extraño a montones y muero por abrazarte.

Y sí mi pequeño niño grande es tu victoria. Gracias por esta lección, gracias por ser mi guía y mi luz, gracias por ser mi fuente de seguridad y tranquilidad.

Y gracias por hacerme sentir tan pero tan orgullosa de ser tu madre.

Te ama, mamá.

22/02/2012

Mamá de dos, círculo perfecto


Retomo este blog desde una nueva vida. Han pasado decenas de semanas y cientos de días desde mi último post. Ha pasado que ahora tengo una bebe de 5 meses. Ha pasado que ya soy #mamadedos criaturas hermosas. Ha pasado que me cambié de casa nuevamente, `e rumbos, de rutina. Ha pasado que la última vez que escribí acá era otra mujer. Apenas hace unos minutos se terminó el día que cumplimos un mes en esta vida nueva.

Creo que desde agosto comenzó esta espiral que de hecho aún no termina, pero que poco a poco va poniendo cada cosa en su debida perspectiva. Aún sigo sin hallarme algunas veces. Aún me hago preguntas demasiado filosóficas sobre la vida y nuestro existir. Aún sigo pensando que es indispensable viajar ligero por la vida, pero con los pies firmes sobre la tierra.

Tener dos hijos me ha cambiado, no es sólo uno más. NO! No es el doble de todo. NO. Porque yo no tengo dos brazos más, ni dos piernas más, ni otra cabeza nueva, ni más ojos, ni más oídos, ni más boca. Vamos, que ni físicamente soy la misma. Tener una segunda hija ha sido la revolución más grande de mi vida.

Cuando nació M sentía que todo fluía( aunque al principio tenía dudas, con el correr del tiempo sentía que las cosas salían bien con naturalidad, que no tenía que esforzarme, me sorprendía a mi misma resolviendo cosas sin que nadie me dijera cómo y salían bien! Sentía que esto de ser mamá resultaba agotador, pero no difícil!

Nació P y todo cambió. Nació P y a todos nos cambió. A mi me cambió la forma de pensar y ejercer la maternidad, tener una HIJA me confrontó con mi ser mujer y me hizo re pensar mi relación con mi madre! A Gabo le creció el corazón, lo confrontó con su idea de perspectiva de género, lo volvió loco. Y a mi amado M lo completó, lo convirtió en el hermano mayor más feliz del universo y lo hizo saberse acompañado para el resto de su vida.

Cuando nació M nos convertimos en una familia y cuando nació P cerramos un gran círculo perfecto. Como individuos y como familia P nos completó

"Qué gran tropa tengo"

21/02/2012

Mamá de dos, círculo perfecto



Retomo este blog desde una nueva vida. Han pasado decenas de semanas y cientos de días desde mi último post. Ha pasado que ahora tengo una bebe de 5 meses. Ha pasado que ya soy #mamadedos criaturas hermosas. Ha pasado que me cambié de casa nuevamente, de rumbos, de rutina. Ha pasado que la última vez que escribí acá era otra mujer. Apenas hace unos minutos se terminó el día que cumplimos un mes en esta vida nueva. 


Creo que desde agosto comenzó esta espiral que de hecho aún no termina, pero que poco a poco va poniendo cada cosa en su debida perspectiva. Aún sigo sin hallarme algunas veces. Aún me hago preguntas demasiado filosóficas sobre la vida y nuestro existir. Aún sigo pensando que es indispensable viajar ligero por la vida, pero con los pies firmes sobre la tierra.


Tener dos hijos me ha cambiado, no es sólo uno más. NO! No es el doble de todo. NO. Porque yo no tengo dos brazos más, ni dos piernas más, ni otra cabeza nueva, ni más ojos, ni más oídos, ni más boca. Vamos, que ni físicamente soy la misma. Tener una segunda hija ha sido la revolución más grande de mi vida.


Cuando nació M sentía que todo fluía, aunque al principio tenía dudas, con el correr del tiempo sentía que las cosas salían bien con naturalidad, que no tenía que esforzarme, me sorprendía a mi misma resolviendo cosas sin que nadie me dijera cómo y salían bien! Sentía que esto de ser mamá resultaba agotador, pero no difícil!


Nació P y todo cambió. Nació P y a todos nos cambió. A mi me cambió la forma de pensar y ejercer la maternidad, tener una HIJA me confrontó con mi ser mujer y me hizo re pensar mi relación con mi madre! A Gabo le creció el corazón, lo confrontó con su idea de perspectiva de género, lo volvió loco. Y a mi amado M lo completó, lo convirtió en el hermano mayor más feliz del universo y lo hizo saberse acompañado para el resto de su vida.


Cuando nació M nos convertimos en una familia y cuando nació P cerramos un gran círculo perfecto. Como individuos y como familia P nos completó


"Qué gran tropa tengo"

03/06/2011

"No agredo, no insulto, no pego, no empujo, no jalo, no arrebato, no me burlo" mantra básico para niños... y no tan niños

Para A y S...

Ayer, G yo fuimos a una clase abierta de M: español, inglés y música... Estuvimos hora y media viendo cómo se desempeñaba en cada área. Para estos menesteres su grupo fue dividido en dos, mientras unos hacían español, otros tomaban clase de inglés con los papás de cada niño como público.

Hasta ahí todo era armonía, cada niño con su individualidad y sus avances personales, unos más que otros, pero todos lograban con éxito las tareas encomendadas por sus maestras. Por cierto, cada una para cada materia.

La clase de música fue otro cantar, literal. Para esta clase se juntó todo el grupo en el salón de usos múltiples. Desde el principio se notó que la maestra apenas y los contenía. Ella daba instrucciones y pos el que entendió, entendió. Ella tocaba su guitarra, ponía la música y a ratos los nenes hacían caso. El problema no era sólo la falta de autoridad, sino las consecuencias de esa situación: por un lado los nenes se aburren la mitad de la clase; y por otro, los niños no pelan la música y, aquí viene lo grave, comienzan con "juegos" físicos "rudos", por decir lo menos.

Particularmente hay un nene que comenzó a caerles encima a sus compañeros mientras jugaban algo como perros, gatos y ratones (ahora bien, ¿por qué jugaban eso en música? no lo sé, pero eso es harina de otro costal). Tal vez parezca yo una madre loca e histérica porque su hijo fue uno de los chicos que recibió en su espalda el peso del compañerito "rudo", pero el punto es que ni mi hijo no fue el único niño jalado ni era la primera vez que eso sucedía. Aquí señalo que al comenzar la actividad, la maestra se limitó a decir "recuerden, no nos encimamos en nuestros compañeros y no nos empujamos" y ¡punto! Lo dijo y quién lo escuchó, lo escuchó.

El asunto es que mientras el nene "rudo" le hacía esto a varios compañeros, ¡la maestra simplemente estaba en lo suyo! Ni siquiera se tomó la molestia de separarlo o de recordarle la instrucción inicial de "no caemos encima de los compañeros", vamos, lo miró, puso cara de "no entiende" y, otra vez, literal, volteó para otro lado.

Ahora bien, para mi está clarísimo que no fue actitud de un día, el mismo nene, trajo a mi hijo asoleado casi una semana hace como un mes. Y no es que lo golpeara diario, no. Le quitaba la silla, el material de trabajo y cuando podía lo empujaba. Mi hijo que no es ningún debilucho, acabó llorando más de un día, pues él sabe que está prohibido agredir físicamente. Sabe que si lo hace, bajo cualquier circunstancia, habrá una consecuencia negativa. Sabe desde ya que la violencia no se combate con violencia.

E, insisto, no es sólo con mi hijo. Hace más de tres meses G y yo fuimos a la escuela de M porque le tocaba exponer sobre los animales de corral: gallo, gallina y pollitos. Mientras la maestra ponía el mural que hicimos M y yo, el mismo nene que hoy se tiraba encima de sus compañeros, en esa ocasión agarró a una compañera por el cuello y la zangoloteó unos segundos. Como en ese caso la compañerita resultó ser físicamente más grande que el "rudo", se lo sacó de encima en menos de un minuto. La maestra de espaldas a esta escena, ni por enterada se dio.

Hace un par de días una amiga estaba desesperada, frustrada, encabronada porque su hijo es víctima del bullying o acoso escolar, en castellano. El chico que ya va en secundaria, lleva todo el año siendo agredido física y verbalmente por sus compañeros, en plena clase, frente al maestro. Y esta semana de plano el chico llegó con sangre en el brazo y moretones. Lo peor del caso es que en la escuela reconocen la grave situación, pero dicen que no pueden hacer nada, ¡que el maestro no puede controlar a sus alumnos!

Al ver a este chiquito de tres años, más-menos, buscando nada más a quién le caía encima, en lugar de hacer la actividad, me puse a pensar: ¿en qué momento las mamás y los papás creen que deben decirle a sus hijos "no molestes ni agredas a los demás"? Porque en algún momento vi a la mamá tomando fotos y muerta de risa con las "rudezas" de su nene.

¿En qué momento a maestros, mamás, papás y cualquier persona responsable a cargo de un niño les parece que "ahora sí, hay que poner límites"? Estoy de acuerdo con que a cierta edad (como la de M) los chicos son bruscos y su motricidad no está ciento por ciento desarrollada como para que puedan medir fuerza o velocidad en sus juegos y actividades diarias. Eso es una parte natural del desarrollo. Molestar constantemente a los compañeros y que a los papás les parezca gracioso o sin importancia es lo que me parece grave.

Si a los tres años celebramos sus "rudezas", ¿cómo decirles a los 8, 9 10, 11 y más años que "eso está mal"? Lo más dramático de la historia es que los chicos no son los únicos culpables de ese comportamiento y a los tres años ¡mucho menos! Pero se les estigmatiza de la peor manera.

En la escuela de M la solución fue poner a mi hijo exactamente del otro lado del "rudo" y sólo así mi hijo estuvo en paz. Pero realmente ¿esa es la solución? ¿Y cuando separarlos no es suficiente, qué? y si en lugar de separarlos les enseñaran a respetar a sus compañeros desde esta edad, ¿no nos saldría más barato como sociedad?

No importa lo que digan de mi o lo que me digan, yo ya tengo el foco rojo prendido, por supuesto que no quiero que M sea víctima de acoso escolar, pero tampoco quiero que sea victimario, me aterra igual o peor.

Y ojo, la violencia no es por generación espontánea, se aprende!

19/05/2011

La familia, la división del trabajo y el Estado


¿Tener o no tener? Ese fue el dilema mucho tiempo, mucho. Después de muchas preguntas, de todas las dudas, finalmente G y yo nos animamos a tener una segunda criatura, dirían mis abuel@s.

Para mi felicidad, esa noticia no tardó en llegar una vez que tomamos la decisión. Sé que soy afortunada y aunque no soy religiosa diría también que he sido bendecida. Era un deseo enorme por varias razones: volver a estar embarazada, volver a tener un bebé y sobre todo que M no creciera sólo en este loco mundo.

Cuándo volvimos a ver esa bolita en la pantalla del ultrasonido del ginecólogo, mi corazón se hizo más grande nuevamente, aunque de una manera muy diferente de cuando supe que M estaba dentro de mi. Por fin un sueño era realidad. En el caso de G también me di cuenta que fue diferente, las lágrimas de sorpresa y emoción que rodaron cuando vio las primeras células de M se convirtieron en un brillo casi como el del Sol y una sonrisa de oreja a oreja.

Esa alegría la compartimos y creo que la contagiamos a familiares y amigos, fue como subirnos a una nube y transitar sobre ella. Con algunas variaciones al embarazo anterior pero los achaques se hicieron más que presentes y yo seguía feliz.

Y todo iba bien hasta hace unos días que así sin tocar la puerta las angustias y dudas me asaltaron. ¿Podré con dos? El mundo está loco y cada vez más parecer ser un infierno ¿cómo los voy a sacar adelante? Y la que me hizo estallara en llanto: mi regreso al mundo laboral se pospondrá más años ¿cómo voy a regresar? ¿cómo volver si estaré totalmente desencanchada? ¿alguien se acordará de mi? ¿Yo me acordaré de cómo hacerlo? ¿ Tendré las mismas habilidades? todo se reducía a ¿alguien querrá contratarme luego de tanto tiempo?

Por supuesto tengo angustias de otro tipo, como financieras, pero el tema laboral es algo que, de hecho, vengo arrastrando desde que M era pequeño y un día decidí dejar un trabajo fijo para ser colaboradora y de ahí a sólo dedicarme a mi hijo. Por supuesto todo esto viene acompañado de cierta culpa: ¿quieres trabajar o tener hijos?

Al menos para mi resulta frustrante como mujer, como periodista, como madre y como mexicana saber que tengo que escoger entre una cosa o la otra.

Confieso que a veces miro con cierta envidia a aquellas que logran compaginar un empleo y el trabajo de la crianza de sus hijos. Confieso que he llegado a sentirme como una sub especie y reprocharme: ¿por qué si ellas pueden, tú no?

Pero también sé que soy una privilegiada por poder quedarme en casa con mi criatura, que es un lujo que muchas quisieran tener, pero las condiciones de este país se los impide.

Y que quede muy claro, no es una tortura estar en mi casa con M, ni me quejo de llevarlo a la clase de gimnasia o de natación, tampoco de las manualidades, ni de llenarle su alberquita en vacaciones ni de leer libros, bailar en la sala de la casa o hacer hot cakes juntos. Lo disfruto tremendamente y verlo crecer minuto a minuto es un placer.

Por eso agradezco infinitamente a la vida y a G tener este privilegio, agradezco a G su paciencia cada que me dan estos ataques supralaborales y reconozco su infinita solidaridad para hacer de nuestra pareja un equipo y una buena división del trabajo en la contrucción de nuestra gran familia.

08/02/2011

Daños colaterales su chingado presidente!!!!

Hace como seis o siete años trabajé en un canal de televisión que se presumía diferente: se daban noticias que nadie daba, el manejo, la edición, la jerarquización, etc, en todo nos sentíamos diferentes.

Una tarde llegó un cable de agencia internacional sobre dos niños muertos en la Palestina de la intifada, corriendo fui a decirle a mi jefe sobre la noticia y a preguntarle cómo hacía la nota, la respuesta me dejó helada: "No cubre la cuota (de muertos)".

Mi otrora jefe, hoy sigue ejerciendo como jefe de noticias de un canal de televisión, ahora uno más de los que hay en este país, alineado a la propaganda del Estado, aunque él sigue pensando que su criterio es único y químicamente puro.

Me pregunto cuál habrá sido el criterio de él y sus pares en los grandes medios de comunicación, los editores, jefes de información y hasta directores para no darle un espacio relevante en sus empresas al reporte de la Organización de la Naciones Unidas, ONU, que a través del Comité para los Derechos de los Niños, externó su preocupación por tres cosas graves en la "guerra contra el narco" de Felipe Calderón: 1.- los más de mil niños muertos a lo largo del “conflicto”. 2.- la “falta de investigación por los crímenes perpetrados por personal militar” y 3.- porque México "no ha tomado medidas para evitar el reclutamiento de niños" por parte de esos grupos (bandas del crimen organizado, agrupaciones paramilitares y compañías de seguridad).

¿Será que mil 059 niñ@s asesinad@s no cubren "la cuota" para entrar en las primeras planas, los titulares de TV y Radio?

¿Cuántos niñ@s deben morir para "matarle" la nota a los entrenamientos militares que la Secretaría de la Defensa promueve entre reporteros de la fuente y los lleva y los trae para ver cómo trabajan?

¿Mil 059 niñ@s muert@s no le indignan ni a una sola diputada como para subir el tema a la máxima tribuna de este país y exigir que alguien por lo menos dé la cara? ¿Vamos, al menos un minuto de silencio y la solidaridad con las madres y los padres de estos menores?
Nop, parecer ser la respuesta unánime.

Entonces, hagamos del mundo cibernético, de las redes sociales, del "corre la voz" nuestros medios de comunicación para no dejar en el olvido a estas niñas y niños que murieron en vano, sí en vano, porque nadie ni nada puede justificar ni una sola de estas muertes. Porque no aceptamos el término "daños colaterares". ¡¡¡¡Daños colaterales su chingado presidente!!!!

Todo el apoyo cibernético y moral a las mamás y papás que no volverán a abrazar a sus hijos. Estamos con ustedes.